Sonidos de la nada te acrecientan
La agonía inusitada de la tarde
En el destello radiante del sol
Sobre el bote susceptible
De un continuo profundo
Ayer distante al borde del río
Nos penetraba el cuerpo
Una mañana fría
Sin alternativas
Que nos golpea la cara
Bajo un cielo gris una brisa
Viento del mío, clamor del hastío
Quien ha confiado de los albores
Y la refrenada paridad de las nubes
Bajan las horas a su ternura de mano
Solo enloquecen las hormigas a pleno
Mientras sube una libre melodía
Paciencia de aquellos menos
Desarraigo intenso del huir de tu miedo
Desde lo alto me abraza consumado
El esmero que eclipsa mi aura
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